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lunes, 5 de marzo de 2012

Dejar ir...

Hola amigos, ¡es lunes! ¿Acaso no es maravilloso contar con el don de la vida?

Hoy quiero tocar un tema que nos concierne a todos, porque en algún momento de nuestra vida, nos hemos visto en la necesidad de dejar ir. A veces tenemos que dejar ir a nuestros amigos, a nuestros familiares, a nuestros hijos, a nuestra pareja. Sobre esto último deseo profundizar un poco. 


Muchas veces, hay indicativos de que no estamos siendo felices en una relación de pareja. Y aunque los lazos de apego son complicados, deben cortarse y desaparecerse. ¿Por qué? Porque el apego consiste en acostumbrarnos a la presencia de la otra persona, en permitir que su existencia forme parte de nuestros días, pero de una manera que no es sana, puesto que poco a poco la otra persona se va enquistando en nuestro interior, dejando marcas imborrables en el momento de decir adiós. 

Aún cuando es difícil dejar ir a la persona que sentimos amar, muchas veces es lo mejor, porque cuando en el amor hay duda, no hay duda. Está todo definido. A la primera duda en cuanto a si amamos al otro o nos aman, debemos decidir alejarnos de la relación, porque claramente es una relación que funciona por descompensación. Es decir, una relación en la que uno de los miembros aporta más que el otro, y el que no aporta, poco a poco va absorbiendo la vitalidad y la energía de su contraparte. Recordemos: una relación de pareja saludable, es aquella en la que dos personas, de común acuerdo, deciden compartir su vida, desde la base de la comunicación y el respeto, aspectos que necesariamente se traducen en admiración.

¿Admiración? Sí. Aunque no lo crean, no podemos amar a quien no admiramos. Podemos amar a alguien a quien visualizamos que realmente puede aportar a nuestra vida. Pero si esa persona es un cúmulo de negatividad, seguramente nos irá decepcionando día con día, y por ende desencantando. Cuando el desencanto aparece, el amor ha llegado a su fin, porque el sentimiento indescriptible de amor hacia la otra persona ya no existe, vemos la realidad de tal manera, que sentimos que nuestra pareja es en realidad una ridiculización de lo que pensábamos de ella.

Pero,  ¿cómo sabemos que es momento de dejar ir al otro? He aquí algunos indicios que la relación va por mal camino, y que probablemente se acerca a su fin:

  • Hubo infidelidad. Aún cuando muchas personas afirman que una infidelidad puede perdonarse, esto es realmente difícil. El daño al ego de la persona engañada es irreparable y aún cuando la relación aparente funcionar bastante bien, jamás será igual. Muchos hombres y mujeres engañados, pero que están sanos mentalmente, optan por dar vuelta a la página, dejar ir y encuentran más adelante un nuevo amor. ¿Por qué? Porque una persona emocional y mentalmente sana, cuidará demasiado de su yo interior, como para seguir con alguien que claramente le ha dañado. No necesita seguir en relaciones enfermizas. Deja ir. 
  • No existe comunicación. Aún cuando intentas exponer tus puntos, de la manera más asertiva que encuentras, parece que el otro no te entiende o no quiere entenderte, y a la menor incomodidad, es incapaz de resolver los asuntos como un adulto, prefiriendo estrategias de escape constantes, como evadir lo que piensas, sientes, anularte por completo para pretender que el problema no existe tras el lema de "no me gusta discutir". Si alguien te trata de esta manera, prepárale sus maletas y mándalo a vivir donde le aguanten esto ;) Porque claramente le importa un rábano lo que piensas y sientes, ergo, no te ve como pareja ni te respeta como tal. 
  • Las faltas de respeto son constantes. Gritos, insultos, desprecios, burlas, llamadas cortadas, golpes. Todo esto ni siquiera necesita explicación. Quien te trata así, debe irse de tu vida inmediatamente. 
  • Ya no te interesa saber cómo está tu pareja o qué hace. Cuando ya te da lo mismo si está bien, si está mal, si dices "ojalá esté bien" pero ni te inmutas en averiguarlo... es hora de dejar ir, sin lugar a duda. Lo mismo si tu pareja no está pendiente de ti, no cuida de ti, no se preocupa de tu bienestar. 
  • Ya no te nace llamar ni ver a tu pareja. Cuando prefieres hablar con tus amigos, verlos a ellos o a tu familia, antes que a tu pareja, si evitas ver a tu pareja... Otro indicio de que la relación se ha terminado.
  • No cumple con los gastos de sus hijos, ni con su rol como padre. Se limita a ser proveedor y de manera mediocre, en caso que tengan hijos en común. Muchos hombres retienen a su lado a las mujeres llenándoles de fantasías la cabeza, sin embargo, en la realidad, no cumplen con sus obligaciones como padres, dejando a la madre a cargo de todo. ¿Para qué quieres un hombre así? Eso se llama ser un vividor. No te puede amar quien permite que tú lleves sobre los hombros toda la responsabilidad mientras él vive su vida, conformándote con un "te amo" relleno de hipocresía y de falta de compromiso. 
  • Cuando ya no lo ves tan atractivo como antes. Puede sonar superficial, pero no lo es. Esto va muy unido a la admiración.  Cuando tu pareja ya luce fea ante tus ojos, es porque en tu mente, su imagen se ha deteriorado, probablemente por sus acciones. Muchos nos sorprendemos de que existan parejas en las que uno de los miembros es físicamente muy atractivo y el otro, todo lo contrario. Pero en la mente de la contraparte, la imagen de la pareja es lo que le gratifica, pues tiene un alto concepto de ella. Lo mismo para parejas que parecen muñequitos y son detestables entre ellos, se tratan de lo peor, se lastiman... Es obvio que en la mente de uno y otro, verán horrible a su pareja por la mala imagen y la decepción que generan en el otro. 

En fin, la libertad es una decisión de cada uno de nosotros. El amor es sinónimo de libertad, pero lo más importante, es liberarnos a nosotros mismos de esas cadenas que no nos dejan seguir con nuestra vida, que no nos permiten ser felices. No estés pendiente de personas que necesariamente deben irse, no gastes tu energía ni tus emociones tirándolas en saco roto. Si tu pareja no piensa en ti, ¿Por qué has de hacerlo tú?

Recuerda, estar en pareja, es un asunto de dos personas,  y un compromiso mutuo. Dejar ir entonces implica reconocer que ese compromiso no existe, que el acuerdo ha sido roto, y debemos seguir nuestro camino. Seguramente nos enamoraremos otra vez. Y esta vez será mucho mejor porque ya habremos aprendido el valor de la libertad y de verdaderamente saber dejar atrás. 

Indudablemente habremos crecido como personas.




Imagen: http://cosasdevan.blogspot.com

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