Al igual que tú, me siento sumamente orgullosa de ser una madre trabajadora, contrario a lo que mucha gente de mentalidad retrógrada, piensa. Muchas personas, aún hoy en día, ven con malos ojos a una mujer que desempeña el rol de madre, pareja, universitaria y trabajadora. ¿Por qué? Porque en muchos países, especialmente en los de Latinoamérica, y sobre todo, mayormente en los estratos sociales más bajos, la mujer es considerada una posesión para el hombre. Siendo de esta forma, el hombre procuraría alimentarla y mantenerla, con tal de obtener una absoluta disponibilidad y servilismo. Horrible, ¿no? Claro, existen excepciones.
¿Por qué soy feliz siendo una multi-mujer? Bueno, primero que nada, porque tengo la responsabilidad de mi propia felicidad y de mi propio bienestar. Desde el momento en que tengo vida, también tengo libertad, y la libertad implica responsabilidades bastante fuertes. Una de ellas, es la de cuidar de mi misma. ¿Es justo delegar a alguien más la responsabilidad sobre mi propia existencia? No, no lo creo.
Me gusta trabajar porque sé que podré contar con recursos suficientes para poder dar a mis hijos cuanto desean sin tener que depender de un hombre. Claro, eso no desliga a papá de sus obligaciones, pero ninguna mamá podrá negar la satisfacción que sentimos cuando nuestros hijos desean aquel juguete, aquellos zapatitos, aquel gustito que nosotras, sin consultar a nadie, podemos darles (saben que no miento ;) ).
El desarrollo personal que tengo estando fuera de casa, no se compara con el que tendría quedándome todo el día dentro de ella. Habrá personas que digan que no es bueno para los niños que la mamá trabaje, sin embargo, la cuestión es la siguiente: ¿qué mamá es realmente feliz estando 24 horas del día en la casa, dedicada exclusivamente a atender a los demás miembros de la familia? Al final del día, ¿no se sentirá como decepcionada, sintiendo que la vida se le escapa y que sus días son todos casi iguales? Todos estos pensamientos derivan en un profundo sentimiento de frustración. Frustración que percibirán nuestros hijos al no tener con ellos a una madre resplandeciente y feliz, satisfecha con sus logros, sus éxitos y también con sus fracasos.
Además, como mujer, también tengo la obligación de velar por la manutención de mis hijos. ¿Por qué? Bueno, pues porque fueron concebidos por dos seres con libre albedrío, que decidieron traerlos al mundo. Muchas mujeres nos quejamos del machismo de nuestra sociedad, pero ¿realmente estamos dispuestas a un trato igualitario entre hombres y mujeres? La misma obligación tiene el padre como la madre de velar por el bienestar de los niños... ¿no es así?
Existe diversidad de lugares donde nuestros hijos pueden estar a tiempo completo, o medio tiempo mientras nosotras trabajamos y nos especializamos tratando de brindarles un mejor futuro. Pero todo es una relación ganar-ganar. Que nuestros hijos ganen, pero nosotras también. La estabilidad emocional del ser humano se basa en el equilibrio entre todos los aspectos de su vida. Además, estamos conscientes que con dedicarle treinta minutos, o una hora al día a nuestros hijos para jugar con ellos, es más que suficiente para que ellos sean felices. ¿Nos sirve la cantidad de tiempo que estemos amargadas, estresadas, fachudas haciendo limpieza, frustradas? o ¿sirve más esa media hora que pasemos con nuestros hijos inmensamente felices, sabiendo que no dependemos absolutamente de nadie, que podemos darles todo lo que desean y también lo que nosotras deseamos?
En fin queridas amigas, mujeres a las que aprecio y respeto por su decisión ante la vida, enhorabuena. Si ustedes han asumido el reto de colaborar con los gastos, con los quehaceres de la casa, con la educación de sus hijos, y han decidido no ser un mueble más, una mascota a la que se debe alimentar... Si ustedes cada día luchan y deben correr para alistar a sus hijos, dar un beso a sus amadas parejas, arreglarse, luchar por sus ideales, salen a trabajar, a estudiar... esas son las mujeres con las que me identifico y las exhorto a seguir adelante. Sólo la mujer que asume responsabilidad ante ella misma y ante sus hijos, ante su pareja y trata de ser justa, es una mujer que ama. Recuerden: el amor no es mezquino. Es incapaz de ver la injusticia. Nos hemos embarcado en esta aventura tan hermosa, vivámosla al máximo.
Demostremos a nuestros hijos que mamá lucha por ellos. Demostremos a nuestras parejas que no los necesitamos en absoluto, sino que estamos con ellos exclusivamente por amor y porque nos gusta estar con ellos, nos gusta mimarlos, nos gusta (de vez en cuando, claro) regalarles algo que les guste, algunas veces nos gusta ser quien paga la cuenta (claro, ¿por qué no?). Nos gusta atenderlos, y que nos atiendan. Nos gusta también llevar las riendas y compartirlas, pero sobre todo, vivir la vida y compartirla con quienes amamos. Si quienes nos rodean nos juzgan por la decisión de ser así de independientes, es fácil: no deben estar en nuestra vida. Si nuestra pareja nos juzga por ser así de independientes: sigamos adelante solas. También merecemos crecer. Merecemos evolucionar. Merecemos palpar, hacer nuestro el éxito y brindar un futuro brillante a nuestros hijos, solas o acompañadas.
¡Adelante mis mujeres!



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